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COSAS DE CORO Y LA FALCONÍA. Hernán. Blanco

El propósito de este blog será mostrar y dar a conocer cosas relacionadas con las personas, sus cosas, la cultura e historia de Coro y Falcón

HISTORIA DE LA VELA DE CORO

HISTORIA DE LA VELA DE CORO. CARLOS GONZALEZ BATISTA

 

 

La única Historia de La Vela que yo había leído la encontré en un folleto que escribió el Profesor Tute Lovera, allí se señala que según la tradición de vieja data debe su nombre La Vela, a que siendo vecina a de la ciudad de Coro y por donde se temían los ataques de los corsarios y piratas, al salir los marinos a patrullar la costas decían: "vamos a la vela", es decir, izar las velas de los barcos o hacerse a la mar en sus veleros. Igualmente cuenta la tradición que fue fundado el pueblo por los Reverendos Frailes Camero de Reyes y Partidas Pachano de Domínguez el 23 de enero de 1528. 

Al toparme con el libro escrito por el historiador y profesor Carlos González Batista, me llamó la atención que el rigor histórico científico por él tratado en su libro acerca de La Vela y su entorno no estuviera llegando a los docente del Municipio Colina y mucho menos al alumnado, razón por la cual me pareció pertinente solicitarle al Historiador Batista, me autorizara para publicar en un Blogs parte de su trabajo, con el fin de que este pudiera ser conocido  por la sociedad colinense y coriana en general, requerimiento que aceptó gustosamente. 

Por supuesto que el nombre de La Vela no está relacionado con izar las velas de los barcos como afirma el Profesor Lovera sino que se refiere al acto de vigilar o velar. Los españoles tenían varios puntos de vigilancia en la costa que denominaban vigilia. Por las reseñas históricas se sabe que en la Boca del Río había una vigilia y también había otra en La Guadalupe cerca de Taima Taima. 

Llama la atención que los personajes mencionado por el Profesor Lovera no se mencionan en el escrito del Profesor. Carlos Batista 

Hernán Blanco

 

Por la capitulación de Eingher y Sayler con la Corona de 1528, transferida poco después a los Welser, se establecía la obligación de hacer en las tierras concedidas de Venezuela tres fortalezas a su costa, otorgándoseles a título de merced real la tenencia de dichas fortalezas, con una asignación anual de 75.000 maravedises para cada una de ellas. Se le agregaba sin embargo a esta orden una cláusula que condicionaba su construcción, al señalar "... que las dichas fortalezas se hagan si '. pareciere a vos y a los dichos nuestros Oficiales de la dicha tierra que hay necesidad de ellas" (1).

El programa constructivo en todo caso, no seria muy ambicioso, pues se definían también como "casas fuertes" para proteger tanto a los colonizadores como a los clérigos dedicados a la emergente evangelización del país. Pocos años antes había procedido así Ampíes en la vecina Isla de Curazao y se proponía, como queda claro en su relación al Rey de 1528, hacer otra casa fuerte en la Tierra Firme coriana, sin llegar a ejecutar aquella iniciativa ante la intempestiva presencia welseriana en la nueva tierra, donde él, de modo tan ponderado, venía interviniendo.

Como es sabido, los Welser jamás .construyeron fortalezas en Venezuela, ni siquiera la casa de los gobernadores, definida en ocasiones como caney, parece haber alcanzado nunca el aspecto de una casa fuerte. Ciertamente, el gobernador Spira, en mayo de 1535 dejó instrucciones a su teniente Federman, para que erigiese una pequeña fortaleza, con capacidad para una mínima guarnición de doce hombres en el Cabo de La Vela, confines de su gobernación (2), que tampoco se hizo. De hecho éste fue uno de los cargos en su contra acumulados durante la residencia efectuada por el Lic. Juan de Frías contra los Welser en 1546 (3).

En una real cédula que se anexa al documento más arriba citado la obligación se reduce a dos fortalezas (4), especificando que una de ellas estaría situada en el Puerto de Coro, y es la más antigua referencia a fortificar el puerto de la ciudad; la otra estaría en Cabo de, La Vela, "lo más cerca que se pueda del puerto y población de la pesquería de las perlas" (5). La orden era de veras conminante ("os encargo y mando que luego dejadas todas las cosas entendáis en hacer y edificar dichas dos fortalezas") La ejecución de este incipiente programa defensivo parece orientarse ahora no a la posibilidad de alguna rebelión indígena, sino al creciente peligro de las incursiones de otras naciones europeas, de echo, unos cuantos años mas tarde, en 1567, la ciudad será presa de hugonotes franceses. Se trata ahora de que las fortalezas basten para defender los puertos, especificando los materiales en que serian construidas: de piedra " si hubiere aparejo'', o en su defecto "de buena tapiería"(6).

 

Esta cédula, fechada en Madrid 7 de Octubre de 1540, se presentó en Coro el 16 de Febrero siguiente, recibiéndola su obispo-gobernador Rodrigo de Bastidas, quien excusó su ejecución esgrimiendo dos razones: no haberse concluido la conquista de la tierra, lo que suponía una permanente movilización de las tropas, y la escasez de dinero: también había una tercera razón: el desinterés del obispo por permanecer en Coro, siempre de partida para Santo Domingo, donde residía su madre y estaba su hacienda, lo que le impedía " entender en el edificio de ellas".

 

Fue la cláusula que comentáramos al comienzo lo que alegaron los representantes de 1a compañía alemana a la hora de justificar su falla, tal como se expresa en su apelación a la sentencia de Frías, notificada al fiscal del Rey en Madrid el 26 de Enero de 1547. No es imposible, sin embargo que con sustento en la cédula real de 1540, se hiciese por entonces algún amago constructivo en el puerto de la ciudad, que permitiera alguna seguridad a las embarcaciones de paz que surgían en su rada, pero no pasaría de ser un intento. Sin embargo sería esta temprana y frustrada iniciativa, la más seria entre todas las anteriores al siglo XVIII por fortificar el puerto.

El 8 de marzo de 1680.la apremiante necesidad de proceder en tal sentido queda reflejada en la probanza remitida a la Corona por el procurador del cabildo coriano Martín de Zarduy Zavala. Aducían que a la ciudad " como puerto principal de mar ocurrían los frutos de los demás lugares de la provincia y los que en su Distrito se coxian y se navegaba de mar en fuera. [...] lo qual oy sesa por el poco seguro que ay en su puerto respecto de no tener fortalezas que la defienda [sic] y hallarse gran cantidad de piratas que navegan su costa, por cuya causa los bajeles no llegan a su abrigo" (7). Razón ésta, que como veremos, se seguirá alegando hasta el final de la época española.

El documento anteriormente citado es de gran importancia además por recoger el testimonio entre los vecinos, del intento de fortificación que hubo en el sigloXVI, manifestando la existencia de "restos" y tal vez de fundaciones en la Punta de los Monjes, próxima a la actual Vela de Coro. Asi, el cura rector y comisario del Santo Oficio, a la segunda pregunta del cuestionario contesta:

"Qué sabe que el señor emperador D. Carlos , de gloriosa memoria despachó cédula en que mandó se fabricase en el puerto de barlovento de esta dicha ciudad un Castillo, para el seguro y defensa de ella, el qual se empesó en la punta de los monjes como se verán allí los princi pios (8)

El capitán D. Juan de Gauna y Salinas también dirá que:

"Save así mismo por aver visto en el puerto de varlovento averse puesto antiguamente cantidad de materiales para fabricar el castillo, de que oy ay memoria, y no save el motivo [que] ubo para suspenderlo". (9).

 

El alcalde D. Pedro Vélez de Guevara:

 

"... Y en quanto al castillo que el Sr.emperador don Carlos, de gloriosa memoria, mandó fabricar en el puerto de varlovento de esta dicha ciudad, es cierto, por aver principios de materiales en la punta que llaman de los monges, y que se remite a la dicha Real sédula" (10).

Algo similar sostendrá el capitán Luis Fernández de Santiago: "A la segunda pregunta dixo que la save como en ella se contiene, por aver visto [...] la sédula del Sr. emperador don Carlos [...] en que manda se fabrique a costa de su Real hacienda una fortaleza en el puerto de varlovento de esta ciudad y que save, por averlo visto, que se empesaron a conducir materiales para el efecto, en la punta que llaman de los monges en donde oy se hallan los vestigios, y que no save por qué razón no se prosiguió en dicha obra". (11).

También el teniente gobernador que lo era entonces el capitán Antonio de Aguirre rememoró aquel primitivo intento en la Punta de los Monjes, que parece corresponder a la Punta conocida hoy día como de Muaco precisamente a la entrada de la ensenada de La Vela Parece ser que este pequeño promotorio recibía indiferentemente el nombre de Monjes, de los Frailes, y hasta del Fraile. Con ésta última denominación y junto a la playa de Muaco lo encontramos en el mapa que acompañara en 1800 al informe de D. Andrés Boggiero teniente de gobernador de Coro. Con el nombre de Falaires (obviamente: por "Frailes") aparece en mapas tan antiguos como él de Wilhelm y Yohannes Blaeu que es de 1635 y en el de Sansón y Abeville fechado en 1656. En el detallado mapa costero levantado por la 2a División de Bergantines al mando del brigadier D. Joaquín Fidalgo en 1816 también se inscribe como Punta de los Frailes. Fuera de este intento sólo podemos citar previo a 1680.las trincheras fortificadas junto al puente sobre el rio Coro, que sabemos existian en l659.

En una información fechada en 1600 se habla de los "Reparos de las trincheras", de los "expías y cintinelas" que mantenían los vecinos en permanencia (12). Es probable que en ese paso del Rio, junto al puente de madera que allí existía la trinchera fortificada adquiriera una magnitud que les permitiera hablar a los vecinos del" fuerte" (13). Así, al describir la invasión inglesa de 1595, dice un testigo, al referir la retirada de los ingleses: “fueron tras dellos doze vecinos desta Ciudad, los quales fueron dando cargas de mosquetes [... de los quales hirieron mucha gente ansi. Ellos como los Yndios flecheros de paz que consigo llevaron, lo qual hizieron por todo el camino que ubo monte, por donde les ofendieron, hasta un fuerte que estaba fecho desde el Qual se les dio la primera carga, desde el qual dicho fuerte el(...) capitan don miguel de mancanedo Enbió [a tres vecinos para que fuesen tras de los dichos Enemigos(...)hasta la playa y boca del Rio, donde (...)Embarcaron dos barcadasas de gente de las que los vezinos desta Ciudad les abían herido, y fecho esto siguió El esquadrón al puerto donde Se Enbarcaron y Quemaron El Bugío de la guarda que allí estaba

Los piratas venían de quemar la ciudad y de seguro hubieran hecho otro tanto en La Vela, si allí hubiese habido para entonces algún centro poblado, pero no lo había como tampoco lo habría en 1659 cuando es incendiada nuevamente por ingleses la ciudad, así que se conformaron entonces con quemar aquel “ Bugío de la Guarda” esto es de La Vela o vigilancia a la que debe el puerto de barlovento su nombre

 

Creemos que una de las razones que llevarían a descartar la construcción de un castillo, es la de hallarse despoblado; no había allí una población inmediata que defender ni que contribuyera a alimentar su guarnición, la cual seria de poca consideración en razón de la escasa magnitud que en vista a los recursos de la provincia podía alcanzar tal fortificación. De hecho, el establecimiento de pueblos en la costa aledaña a Coro se verá, cuando menos desde los años tempranos del siglo XVIII como un hecho que incidía en el fortalecimiento de la ciudad madre. Leamos las consideraciones de un jerarca local, Djuan de la Colina Peredo, referidas a la constitución de dos nuevos pueblos cercanos precisamente a barlovento de la ciudad, se trata de los de Guaibacoa y Carrizal, en 1724:

 

"La fundación que se pretente hazer en el Sitio de Guaibacoa, cercano al puerto principal de esta Ciudad, parece mui conveniente assi para que se eduquen Los indios que en este Sitio habitan y otros muchos que andan dispersos de la misma nación y pueden juntarse [en] Un pueblo cuantioso, como también para la defenza de esta Ciudad, para lo qual también es mui Útil que los Yndios de la'Ysla de Oruba que de tres años a esta parte han dexado dicha isla, donde estaban infieles sugetos al Olandés y se han venido a esta jurisdicción a a buscar la Christiandad, Se pueblen en Taratara que para ello dan consentimiento los dueños de él **[...] para el fin de la defenza del puerto, y abastecer de pescado la Ciudad es mucho más convenen [sic] el [...] fundar en el dicho sitio de Taratara por estar próximo a la vigía de Tamataima *** que puede estar a su cargo" (15).

 

HISTORIA DE LA VELA DE CORO. CARLOS GONZALEZ BATISTA

 

 

La única Historia de La Vela que yo había leído la encontré en un folleto que escribió el Profesor Tute Lovera, allí se señala que según la tradición de vieja data debe su nombre La Vela, a que siendo vecina a de la ciudad de Coro y por donde se temían los ataques de los corsarios y piratas, al salir los marinos a patrullar la costas decían: "vamos a la vela", es decir, izar las velas de los barcos o hacerse a la mar en sus veleros. Igualmente cuenta la tradición que fue fundado el pueblo por los Reverendos Frailes Camero de Reyes y Partidas Pachano de Domínguez el 23 de enero de 1528. 

Al toparme con el libro escrito por el historiador y profesor Carlos González Batista, me llamó la atención que el rigor histórico científico por él tratado en su libro acerca de La Vela y su entorno no estuviera llegando a los docente del Municipio Colina y mucho menos al alumnado, razón por la cual me pareció pertinente solicitarle al Historiador Batista, me autorizara para publicar en un Blogs parte de su trabajo, con el fin de que este pudiera ser conocido  por la sociedad colinense y coriana en general, requerimiento que aceptó gustosamente. 

Por supuesto que el nombre de La Vela no está relacionado con izar las velas de los barcos como afirma el Profesor Lovera sino que se refiere al acto de vigilar o velar. Los españoles tenían varios puntos de vigilancia en la costa que denominaban vigilia. Por las reseñas históricas se sabe que en la Boca del Rio había una vigilia y también había otra en La Guadalupe cerca de Taima Taima. 

Llama la atención que los personajes mencionado por el Profesor Lovera no se mencionan en el escrito del Profesor. Carlos Batista 

Hernán Blanco

FUNDACIÓN DE LA VELA Y EL PROCESO DE FORTIFICACIÓN DE            LA COSTA CORIANA

Vemos cómo comienzos del siglo XVIII La Vela existía como sitio de vigilancia y lugar de embarque y desembarque, pero no como hecho urbano, el cual no se constituiría hasta las postrimerías siglo XVIII. Un informe fechado el 26 de Abril de 1813 nos habla del papel crucial jugado en tal proceso por el sacerdote y doctor D. Nicolás de Talavera. Una representación suscrita entonces por catorce vecinos de aquel puerto nos informa que el padre Talavera, además de ser uno de vecinos más antiguos del lugar, "ha sido el clave flexible de una organización fundamental, advitrando [sic] quantos medios heran conducentes hasta conseguir (qual admiramos ) el fomento de esta numerosa población, que no ha Veinte años estaba como los desiertos de Thebayda"(16).
En 1770 se menciona a D. José de los Ríos ejerciendo la función de "Cabo" del Puerto, esto es, la máxima autoridad del lugar designada por el cabildo coriano. Existía como parece haberla habido siempre, una casa donde se refugiaba la guardia indígena dirigida también por su propio cabo. Era la "Casa Guardia de este puerto Real de la Vela" (17). Habría por aquellos años alguna que otra choza o enramada, donde se aposentaban los carpinteros de ribera y calafates, así como para cobijar temporalmente los efectos de comercio, más para entonces, nada erigido con afanes de permanencia.
La fundación de La Vela sólo se explica en el marco de la renovación económica propugnada por el rey Carlos III, y dentro de ese vasto programa, por dos hechos que signaron el devenir económico de Venezuela; la creación de la Intendencia y la libertad de comercio. La Intendencia, como veremos, tendrá un papel decisivo en la fundación de ésta nueva población. Entre las tareas de la Intendencia real creada en.1776, estaban las de fomento socio-económico, y es en esta vertiente funcional dónde se inscribe la conformación del pueblo que, finalmente, vino a sustanciar el hecho portuario.
A partir de 1772 Coro va a adquirir importancia para la hacienda pública española, al erigirse en capital de uno de los departamentos de la Real Hacienda, en que estaba dividida la provincia de Venezuela, departamento al cual quedaron supeditadas las cajas reales de Trujillo y Carora. Como es sabido, ese rango fue respetado por la Intendencia. En 1780 el intendente Avalos autorizó a Coro para exportar a Curazao por el Puerto Real de La Vela, hasta diez mil pesos en efectos comerciales, importando por la misma vía, víveres, pertrechos de .guerra y "algunos generoz" (18). No olvidemos que la guerra con Inglaterra, declarada en 1779, obligaba a medidas de excepción, algunas de las cuales, como la reseñada, impulsó el tráfico portuario; todo ello prepararía el terreno para los decretos de 1781.
En el documento señalado, permitiendo el comercio con Curazao, se volvió a recordar la indefensión portuaria, al señalar que por “el ningún resguardo del Puerto Real de esta ciudad no aporta embarcación española (..) por el riesgo de enemigos que justamente temen, por la anteriores ejemplares a sacarse las embarcaciones los Yngleses” (19) Referíase a la embarcaciones enemigas que por sorpresa o acto de fuerza manifiesta, cortaban las amarras y arrastraban fuera. Las embarcaciones surtas en el Puerto.
Todo parece indicar que desde 1780 a 1800, y salvo breves intervalos, el comercio con las “colonia amigas” como se designaba a Curazao y las Antillas Francesa, fue regular y creciente. De manera que esta apertura portuaria orquestada por el talento y la eficacia del intendente Avalos, consagraría la existencia del pueblo; de hecho la orden de erigir una aduana en el sitio (que antes no había existido) nos habla de esa intención de permanencia
El 21 de Agosto de 1781 el administrador de la Real Audiencia de Coro D. José de Navarrete, se dirigió al teniente de gobernador de la ciudad y juez subdelegado de intendencia, pidiendo copia de los oficios que “ con la solemnidad necesaria presento, y pido se me debuelban, dirigido por el Tribunal de Intendencia para la construcción de un fortín y casa Aduana en el Puerto de La Vela, y también de las cantidades consumidas en ellas” (20) Acto seguido en teniente D. José de Bidegain proveyó lo solicitado. El documento deja entrever que para entonces se construía la Aduana, que debe ser, sin duda, la llamada aduana “vieja”, sustituida por otra edificación menos deleznable, hacia 1797
Tal vez esos oficios recogían además el permiso para erigir legalmente la nueva población, pues sabemos que la orden fue dada aquel mismo año, “en obsequio de la población de casas y solares que en el referido puerto se han permitido y repartido con subordinación al Ylustre Ayuntamiento de esta dicha Ciudad, como perteneciente a sus propios“ (21). Al vender D. Basilio López en 1815 una casa a D. Nicolás Estrada, con su solar, manifiesta haberlo obtenido en “el año de mil Setecientos Ochenta y dos, cuando se inisió esta población por el Ylustre cavildo” López quería señalar tal vez que la casa vendida había sido construida en 1782, no que la disposición de fundar La Vela fuese de aquel año, pues todos los testigos, que fueron D. Miguel Añez, D. Agustín de Medina y Pedro Cárdenas, parecen haber estado contestes que el pueblo de La Vela se había fundado en 1781(22). El testigo Medina, avecindado en el Puerto en 1782, había encontrado al llegar, la casa que motivara el documento.
La orden, dada por la Intendencia, fue acatada por el Cabildo, presidido por D. José de Navarrete, quien al efecto comisionó a D. Basilio López, a quien ya hemos citado. López, acompañado por el alarife municipal, el peritísimo constructor Domingo Vital Gámez procedió al reparto de solares y al reordenamiento del escuálido vecindario allí existente para aquel momento. Este reordenamiento aparece referido por Vital Gámez, once años más tarde, en 1792, al decir que le había costado "travaxo al declarante fingir unas callejuelas para el uso público" (23). La nueva población seria el lógico complemento de la aduana y el fortín autorizados por la Intendencia, todo ello respondía a un claro programa urbanístico.
La conformación del pueblo en el lugar seria decisiva, a nuestro juicio, para el arranque de un plan más efectivo en la defensa de la vecina ciudad de Coro. Muy poco hubieran servido los fortines que a la larga se construirían sin una población de respaldo. Era en realidad una relación de apoyo mutuo, que redundaba en la consolidación militar de aquel punto defensivo. Sobre el papel de la Intendencia en todo ello, no creo puedan ofrecerse dudas, toda vez que el fomento de las nuevas poblaciones ocupaban lugar prominente en las instrucciones recibidas de las Corona por el nuevo intendente (24).
Figuras cruciales en la consolidación de La Vela como pueblo fueron el padre D Nicolás de Talavera y el ya mencionado Basilio López de Puga, su primer guardamayor, al menos, como ya hemos dicho, en su etapa urbana quien presidió el reparto de solares. También fue D. Basilio uno de sus primeros vecinos. Junto a él actuó el presbítero y doctor don Nicolás de Talavera, tío político de anterior, ya que D. Basilio casaría con Dª Mercedes Talavera Garcés en 1787. D, Nicolás de Talavera había sido catedrático en la universidad caraqueña, fue él quien impetró ante el diocesano de Mérida el permiso para erigir ermita en aquella " Thebayda", siendo su primer capellán (25). A sus expensas se construyó el cementerio con su correspondiente oratorio, "Obra tan necesaria como útil a la Salud pública". También cedió una de las casas que poseía en el pueblo para que sirviera de sede a la escuela pública, encargándose además de pagar al maestro (26). Para 1794 se registra en La Vela algunas pulperías, billares, fondas, (“pensiones") y tabernas. No eran infrecuentes los litigios entre vecinos por cuestiones de linderos, y algún que otro hecho de sangre; para los infractores se había dispuesto un cepo frente a la aduana vieja. Las personas allí establecidas pagaban anualmente al Ayuntamiento, cuatro reales por cada solar; la cancelación del piso al municipio era obligatoria en razón de haberse fundado La Vela en los ejidos de Coro, tal como había ocurrido con el pueblo de Baraíved en Paraguaná, o como ocurriría un poco más tarde con el Puerto de Cumarebo, también incipiente en las postrimerías del siglo XVIII.
En conclusión, se puede asegurar por testimonios documentales que no existía pueblo, jurídicamente reconocido como tal, en el Puerto Real de La Vela, antes de 1781. El plano de 1794, que publicáramos hace algunos años (.27), revela el rápido crecimiento de su vecindario, agrupado en diecisiete manzanas rectangulares dispuestas en sentido noreste-suroeste paralelo a la costa. El trazado actual deriva de aquella imposición de un orden sobre el crecimiento espontáneo previo a la acción del alarife Vital Gámez. .
El suministro de agua quedaba asegurado, no tanto por el río, cuya desembocadura no estaba junto al pueblo, sino por un jagüey o manantial, de cuya calidad nada sabemos, y que aparece en los documentos como el "jagüey común" y que seguramente había permitido desde siempre saciar la sed a los guardianes del puerto, Este jagüey estaba próximo a la iglesia y en el seno de una pequeña quebrada, conocida como la " quebradita del jagüey, que no debe confundirse con otra quebrada, algo mayor, que por tal circunstancia recibía el nombre de "Quebrada grande", también vecina a la iglesia, por lo que asimismo recibía el nombre de quebrada " de la Yglesia
 
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